
Llega un momento, en la vida de toda persona, en el que tienes que enfrentarte a la realidad como un verdadero espartano y, con un grito salvaje y potentemente aterrador, soltar y anunciar a todo el mundo que te cruces por la calle que no ves y que sus caras a lo lejos son complicados borrones difíciles de enfocar y reconocer. Por lo tanto, te guste o no, te toca sufrir las triquiñuelas de un oculista que te gradúa la vista y te dice si estás ciego o solo es culpa de la gente, que sale emborronada de casa y que se olvidan de dar al botón de nitidez cuando salen por la puerta. En mi caso, y después de pisar la óptica por segunda vez en mi vida, me ha tocado darme cuenta de que estoy ciego, no veo de lejos, soy miope... Y así para los restos.
Sí, queridos lectores, a un servidor le ha tocado introducir un par de gafas en su vida. Este mundo cruel me ha dado una miopía que lleva aumentándome desde 2008 y una agudeza visual un tanto penosa. Yo no quería, pero no me quedaba más remedio si quería reconocer a las personas cuando venían andando, o leer con total nitidez la pizarra, o ver las películas con subtítulos en la televisión sin estar con el morro pegado a ella... Es un inconveniente que comenzó ayer y con el que me estoy adaptando todavía. Llevar una estructura como esta en mis ojos todavía es un tanto molesto. Son como dos protuberancias incómodas que tienes que estar colocando en cada momento porque se han movido de su sitio correcto.
Sí, queridos lectores, a un servidor le ha tocado introducir un par de gafas en su vida. Este mundo cruel me ha dado una miopía que lleva aumentándome desde 2008 y una agudeza visual un tanto penosa. Yo no quería, pero no me quedaba más remedio si quería reconocer a las personas cuando venían andando, o leer con total nitidez la pizarra, o ver las películas con subtítulos en la televisión sin estar con el morro pegado a ella... Es un inconveniente que comenzó ayer y con el que me estoy adaptando todavía. Llevar una estructura como esta en mis ojos todavía es un tanto molesto. Son como dos protuberancias incómodas que tienes que estar colocando en cada momento porque se han movido de su sitio correcto.Y ya no hablo de limpiarlas. No sé si es fruto de mi manía pulcra, pero cada vez que las cojo por banda, los cristales están llenos de mierda y tengo que sacar la gamuza para limpiarlas. Como este sea el destino que me espera, va a llegar un momento que me harte e implante a los cristales dos parabrisas para que se limpien solos sin que tenga que estar yo detrás con el puñetero trapito. Pero de momento no tengo más remedio, el estuche donde las guardo es como mi segundo yo y ahora lo llevo todo el rato encima, a la espera de sacar el harapo en cualquier momento. Espero que llegue el día en el que se me olvide, incluso, como narices se abría el estuchito.
A parte de acostumbrarme a llevarlas encima, también estoy en proceso de acostumbrarme a ver con ellas. No es fácil para un novato como yo el estar con ellas mucho tiempo seguido. Se me cansan los ojos y me empiezan a doler. Pero bueno, aparte de ser una reacción normal en la vida de cualquier cuatro ojos, no todo va a ser quejarme, ¿no? Ahora puedo presumir de ver en Alta Definición todo l
o que me rodea, como los televisores Full HD. Veo con pureza los carteles de las tiendas, las indicaciones cuando voy en el coche montado, las matriculas de los coches por si tengo que denunciar a alguno que me ha atropellado cuando me distraía viendo con perfección un perro que venía paseando.Estéticamente tampoco puedo quejarme, aunque... que voy a decir yo con todo lo que yo me quiero a mi mismo. Son estructuras bastante elegantes, bonitas, blancas y negras. No son gafa pastas como las que llevan los modernos a los que el Facebook les dedica tantas páginas. Son sencillas, cómodas (de momento no) y me hacen parecer mucho más guapo e inteligente de lo que ya por sí era. Nadie se ha reído aún de mi (¿verdad que no?) por lo que no me pueden quedar muy mal. Y espero que no, porque estas estarán aquí para siempre... Hasta que mi madre haya dado por amortizados los 140€ que han costado o hasta que las lentillas les dé por aparecer e introducirse en mis ojos también para siempre.
Yo también tengo que ir.
ResponderEliminarVoy a rezarle a la virgen de las televisiones HD para que no tenga que ponermelas.
Nada son cosas de la edad, te vas haciendo mayor, todos hemos pasado por estas cosas y ya veras que las gafas imprimen carácter.
ResponderEliminarBIENVENIDO AL CLUB!!!
ResponderEliminarSi esto te ha parecido duro, ya verás cuando llueva y no sepas como limpiar los cristales... cuando haga mucho frío, entres en cualquier lugar con la calefacción y se te empañen las gafas, y esa supergamuza no esté cerca! Porque te aseguro que esa gamuza no estará siempre contigo. Felicidades, porque la mirada de los miopes es... misteriosa
(uno de esos mitos de los miopes)
GAMUZAAAAAAA.
ResponderEliminarxDDD
pues te qedan bien, ger, te dan un toqe intelectual. ;)
Yo me tengo que graduar otra vez,si,puede ir a más xDDD
ResponderEliminarsuerte amijo.
<3