
Bonjour mes amoures! Merci, s'il vous plaît, de rien, baguette, croassant, chapeau... Sí, se podría decir que estas frases son las que he utilizado, prácticamente, en todo el viaje. Las he dicho tantas veces que cuando llegué a España, en Lleida, seguía repitiendo palabras en francés a los camareros españoles que me miraban con cara de "¿me intentas restregar que te has ido a Francia y yo te estoy sirviendo la comida, cabrón?". Tengo que decir que me he convertido en un auténtico tigre de los idiomas. Me fui a Francia creyendo que iba a hablar inglés y pobre ingenuo de mi, porque acabé hablando italiano, español, francés e inglés, todos juntos, en una misma frase.
En los hoteles en los que estuvimos había una variedad cultural del copón y era tal el lío que teníamos montado en la cabeza con las palabras que una vez acabé contestando a la recepcionista en tres idiomas (y eso que era más española que el cocido con garbanzos). Como he dicho, había mucha variedad de países europeos concentrados en un mismo lugar. Y como en toda casa de vecino, había gente que se podía haber metido los
raviolis por el mismo sitio por donde cagan las pizzas. Hablo, obviamente, de los bambinos de Berlusconi que no tenían suficiente con que Venecia les oliese mal que ahora les tenía que oler mal mi ropa.
Y esto no tiene mucho sentido dicho tal cual. Ya me lo dijo Tatiana, que no me juntase con los italianos, que eran mala gente, que si no tenías cara de pizza no te ajuntaban... Y debieron verme cara de cocido, porque estaba yo tranquilamente hablando con un compañero mío, asomados los dos en diferentes habitaciones por las ventanas de la fachada del hotel de Nîmes, cuando me cayó un líquido en la ropa desde arriba. Olí. Era cerveza. Estaba recién duchado con ropa limpita porque las 15 horas de viaje en autobús nos habían dejado con un cierto olor a "vivo". Me cagué en todos los muertos que debían estar enterrados en la jodida basílica de San Pedro y venerando a nuestro querido español Aznar, les hice una peineta que seguramente no tendrían que traducir.
En los hoteles en los que estuvimos había una variedad cultural del copón y era tal el lío que teníamos montado en la cabeza con las palabras que una vez acabé contestando a la recepcionista en tres idiomas (y eso que era más española que el cocido con garbanzos). Como he dicho, había mucha variedad de países europeos concentrados en un mismo lugar. Y como en toda casa de vecino, había gente que se podía haber metido los
raviolis por el mismo sitio por donde cagan las pizzas. Hablo, obviamente, de los bambinos de Berlusconi que no tenían suficiente con que Venecia les oliese mal que ahora les tenía que oler mal mi ropa.Y esto no tiene mucho sentido dicho tal cual. Ya me lo dijo Tatiana, que no me juntase con los italianos, que eran mala gente, que si no tenías cara de pizza no te ajuntaban... Y debieron verme cara de cocido, porque estaba yo tranquilamente hablando con un compañero mío, asomados los dos en diferentes habitaciones por las ventanas de la fachada del hotel de Nîmes, cuando me cayó un líquido en la ropa desde arriba. Olí. Era cerveza. Estaba recién duchado con ropa limpita porque las 15 horas de viaje en autobús nos habían dejado con un cierto olor a "vivo". Me cagué en todos los muertos que debían estar enterrados en la jodida basílica de San Pedro y venerando a nuestro querido español Aznar, les hice una peineta que seguramente no tendrían que traducir.
Pero bueno, también tengo que decir que estuve en Nîmes que es una ciudad preciosa aunque maten cual Belén Esteban por los toros. Sí, allí la tauromaquia es una pasión y en el anfiteatro que tienen construido en mitad de la ciudad celebran alguna corrida que otra al año. Tengo que decir que pasé un momento de tensión. Estaba yo embelesado en hacer fotos (que ahora que estoy viendo, debo decir que son horrorosas y que la fotografía no será con lo que viva de mayor) cuando ya no estaba el grupo. No me preocupé demasiado, y el tropezar con un escalón no me paró para continuar y acabar encontrando la salida donde me reuní minutos de
spués de aquella angustia... y a los que volví a perder después porque no nos habían esperado cuando nos fuimos a comprar la VOGUE francesa para una amiga.
También estuvimos en unos jardines con unas antiguas termas y, entre tiendas, obras y fuentes (porque la cifra de fuentes que había en la ciudad era inhumana) aprendimos, en un video en 3D (me cago en el creador del 3D), la cultura y la vida de los franceses en esta ciudad y en los monumentos que construían. También estuvimos en Avignon con su famoso castillo papal (donde jugar a una partida de escondite conllevaría una vida entera y parte de otra), en Arles donde Van Gogh publicita Absenta en algunas tiendas de la ciudad, en Carcasonne donde visitamos esa pequeña ciudadela amurallada con miles de tiendas y miles de baños públicos. Perdón, un solo baño público que daba asco y donde parecía haber meado el mismísimo Yeti. También visitamos Aix en Provenze y visitamos tiendas por doquier.
Los precios en Francia eran mucho más altos que en España. Comprar allí era un privilegio. Y ya no os cuento la que nos montaron en el hotel de Nîmes, porque resulta que en Francia hay toque de queda a partir de las 22:00 y los menores no pueden salir solos por ahí. Además, allí el silencio es fundamental porque si no te miraban con cara de loco. Pues si se juntan el hambre con las ganas de comer, tenemos una alarma de incendios sonando en todo el edificio porque alguien había fumado en las habitaciones. Muchos italianos fuera del recinto, mucho ruido en las habitaciones... Total, que llegó la recepcionista del hotel a controlar el cotarro. Pincharon los
teléfonos para que no llamásemos de habitación en habitación, controlaban que todos estuviesen en las habitaciones, que nadie se colase en otras, bloquearon las puertas de algunas habitaciones... Y todo esto mientras los profesores de los italianos (que eran otros que no me tiraron la cerveza) intentaban pillarnos por los pasillos para echarnos todo el muerto a nosotros.
Pero la cosa es que nos lo pasamos muy bien. La comida estaba muy rica, y las habitaciones eran muy cómodas. Dormimos poco y mi espalda parecía un ocho cada vez que viajábamos en autobús a algún sitio. Desgasté el MP4 y me escuché ochenta mil veces todo el repertorio, pero me lo pasé muy bien. Era la primera vez que salía de la península. Es una experiencia, ¿eh? Pero cuando la realicéis no intentéis encontrar italianos u os meterán en un lío.
spués de aquella angustia... y a los que volví a perder después porque no nos habían esperado cuando nos fuimos a comprar la VOGUE francesa para una amiga.También estuvimos en unos jardines con unas antiguas termas y, entre tiendas, obras y fuentes (porque la cifra de fuentes que había en la ciudad era inhumana) aprendimos, en un video en 3D (me cago en el creador del 3D), la cultura y la vida de los franceses en esta ciudad y en los monumentos que construían. También estuvimos en Avignon con su famoso castillo papal (donde jugar a una partida de escondite conllevaría una vida entera y parte de otra), en Arles donde Van Gogh publicita Absenta en algunas tiendas de la ciudad, en Carcasonne donde visitamos esa pequeña ciudadela amurallada con miles de tiendas y miles de baños públicos. Perdón, un solo baño público que daba asco y donde parecía haber meado el mismísimo Yeti. También visitamos Aix en Provenze y visitamos tiendas por doquier.
Los precios en Francia eran mucho más altos que en España. Comprar allí era un privilegio. Y ya no os cuento la que nos montaron en el hotel de Nîmes, porque resulta que en Francia hay toque de queda a partir de las 22:00 y los menores no pueden salir solos por ahí. Además, allí el silencio es fundamental porque si no te miraban con cara de loco. Pues si se juntan el hambre con las ganas de comer, tenemos una alarma de incendios sonando en todo el edificio porque alguien había fumado en las habitaciones. Muchos italianos fuera del recinto, mucho ruido en las habitaciones... Total, que llegó la recepcionista del hotel a controlar el cotarro. Pincharon los
teléfonos para que no llamásemos de habitación en habitación, controlaban que todos estuviesen en las habitaciones, que nadie se colase en otras, bloquearon las puertas de algunas habitaciones... Y todo esto mientras los profesores de los italianos (que eran otros que no me tiraron la cerveza) intentaban pillarnos por los pasillos para echarnos todo el muerto a nosotros.Pero la cosa es que nos lo pasamos muy bien. La comida estaba muy rica, y las habitaciones eran muy cómodas. Dormimos poco y mi espalda parecía un ocho cada vez que viajábamos en autobús a algún sitio. Desgasté el MP4 y me escuché ochenta mil veces todo el repertorio, pero me lo pasé muy bien. Era la primera vez que salía de la península. Es una experiencia, ¿eh? Pero cuando la realicéis no intentéis encontrar italianos u os meterán en un lío.



mujeres, Nova, que yo, por mi parte, no he visto nunca.


Querido blog:




































